El Acuerdo: Algo Más Que Buenos Deseos

por | Jul 10, 2018 | 0 Comentarios

Presentamos estos devocionales como una oportunidad para que puedas compartirlos a tus conocidos.

Su temática es la misma que será desarrollada durante el Congreso Bautista 2018: «El Poder Del Acuerdo»

Las innumerables posibilidades de manifestarse que tienen las relaciones interpersonales, solo son exitosas a partir del acuerdo.

Se establece un acuerdo entre dos o más para, por ejemplo,  brindarse mutuamente amistad, amor, colaboración o compañerismo; asimismo, para la consecución de un fin que requiera el aporte de otros y no baste con las propios recursos.

Es imprescindible lograr acuerdo, por ejemplo, en el ámbito laboral.

En cada actividad que involucre la interacción con otros, en pequeña o gran escala, el primer paso es estar de acuerdo para que se concrete.

Y ése es su poder: hacer que todo se encamine hacia una dirección determinada, ayudar a sortear obstáculos y lograr los objetivos.

La palabra “acuerdo” encierra en su composición a la palabra “corazón”.

Podríamos decir que cuando se afirma que en algo dos o más personas “son un solo corazón”, no es otra cosa que afirmar que han llegado a un acuerdo.

En la Biblia, el corazón no solo alude a la morada de los sentimientos, sino que también es el asiento de las capacidades intelectuales, un sinónimo de alma, y en algunos pasajes, inclusive refiere a la espiritualidad del hombre.

“En mi corazón he guardado tus dichos”

dice el salmista; o

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”.

En Hechos, capítulo 2  tenemos la ilustración más perfecta de lo que significa estar de acuerdo, lo que verdaderamente significa ser un solo corazón:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos […]

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”.

Es maravilloso.

Ese testimonio de unidad en el amor maravillaba a la gente y hacía que multitudes se convirtieran al evangelio.

Lo que no hay que perder de vista es que era el resultado de la operación directa del Espíritu Santo.

No era un mérito de esas personas, no tenían poderes especiales, ni eran altruistas natos.

Simplemente, decidieron ponerse de acuerdo en obediencia al mandato del Señor, y el resto sí tiene su inequívoca y divina firma.

¿Por qué no siguió todo ese mismo rumbo?

Porque en algún punto, el acuerdo se empezó a resquebrajar.

Y es que para que realmente exista, todas las partes involucradas debemos estar dispuestas a resignar las demandas y opiniones individuales, por más acertadas que luzcan ante nuestros ojos.

El Señor sabe perfectamente con los bueyes que ara, por eso en más de una ocasión señala que hagamos acuerdos a pequeña escala, porque mientras más personas se involucran, más diferencias hay que limar.

En Mateo 18:19 y 20 leemos que les dijo a sus discípulos:

Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo”.

¿Queremos ver la Gloria y el Poder de Dios manifestándose en nuestro entorno?

La fórmula es simple: hay que ponerse de acuerdo con otro creyente y ambos, sintonizar los corazones al pulso del corazón de Dios, teniendo en cuenta que no es una decisión nacida de la emoción, sino absolutamente consciente y racional:

“Pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo”. Filipenses 2:13 DHH

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