La voluntad de los hombres es confrontada con la palabra de Dios, todos los anhelos y deseos personales de alcanzar metas, y entre otras cosas del ser humano que espera crecer en la vida y creen que con Dios todo será diferente o que retrocederán es solo una mentira del diablo.

Porque la experiencia nos enseña que estando en la voluntad de Dios las cosas de nuestras vidas tienen un rumbo diferente guiado por el espíritu de Dios a nuestro favor.

Efesios 2:3 «entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.«

Este enfrentamiento es dado porque la esencia del pecado hace que no sea tan sencillo obedecer y hacer la voluntad divina del Salvador. Nuestro señor Jesucristo nos enseña en Juan 5:30 «No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.«

Esta es la postura que un creyente cristiano debe de tomar en su vida diaria y deberíamos responder como dice en la carta a los Hebreos:

Hebreos 10:7-9 «Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. 8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.«

Es decir, nacer de nuevo o hechos al corazón de Dios que se desarrolla en el proceso de conocer al bendito salvador.

Cuando hacemos la voluntad de Dios de servirle podemos entender lo que dijo san Pedro.

1 Pedro 4:2-5 «para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.  5 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. 4 A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; 5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.«

Llegar a conocer su voluntad sobre nuestras vidas, se centra en que el creyente se convierta en un adorador y que le ha creído, es decir es un creyente que llega temprano al culto antes que inicie la liturgia, y que siempre está en el altar orando y adorando y es allí en el altar donde Dios prepara a sus hombres, está dispuesto siempre a la obediencia y al llamado de servir con temor y temblor.

Ahora les dejo esta pregunta y conteste con toda la sinceridad de su alma. ¿Mi vida se encontrará dentro de la voluntad del Padre?  Esa pregunta es necesaria hacernos como para entrar en reflexión personal, de cómo estamos llevando nuestra comunión con Dios.

La voluntad de Dios a donde nos lleva

Nos lleva a leer su bendita palabra 2 Timoteo 3:16-17 «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra

Nos lleva a entender que por su palabra podemos entender y comprender que  es la única manera de conocer su voluntad. Salmo 19:7-8 «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma.El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. 8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.» (Salmo 119:9,11,104,105,130.)

Nos lleva a:

  • Que tenemos que obedecer: Josué 1:8; Romanos 12:1-2; Colosenses 1:9-10.
  • Que Él trata en nuestros corazones: Romanos 8:14; Gálatas 5:16-18,25.
  • Que nunca nos apremia hacer lo contrario a lo que es de Dios: Juan 16:13-14; 17:17; Gálatas 5:16-17.
  • Que nunca nos conduce a hacer lo que está en contra a los deberes principales: Romanos 14:17-18; Efesios 5:9-18.

Conclusión 

La voluntad de Dios es que nos santifiquemos. El proceso o resultado de ser hecho santo, significa que ellos son consagrados y apartados para el uso de Dios como vasos de honra para su gloria.

 José A. Manco Chávez

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